No me creo que la copa menstrual empodere a las mujeres

La copa menstrual puede hacer mucho por ti

A veces la vida adulta es difícil, muy difícil. A veces veo la imagen general de mi vida y pienso simplemente que es demasiado; demasiados detalles, demasiados problemas, demasiadas etiquetas, demasiadas preguntas...demasiado todo. Y se me olvidan todas las pequeñas cosas que he ido logrando, las pequeñas victorias que llenan el día a día. Son tantísimas que me da vergüenza siquiera pensar en quejarme. 

Aprovechando que es otoño, que nuevos retos se aproximan, que CYCLO sigue creciendo y empieza a necesitar más espacio (¡novedades por anunciar muy pronto!) tuve que deshacerme de cosas, hacer espacio físico (y emocional por supuesto) y limpieza. Y me reencontré con mi adolescencia. De lleno. Multitud de libros, cuadernos, recuerdos en papel de los años más tiernos de mi vida. Ahora me doy cuenta que era mucho más feliz de lo que yo pensaba, que tuve una adolescencia muy bonita...y que era un poco friki. Me sorprendí a mi misma viendo lo que fui capaz de hacer...escribía mucho, era hiper organizada...vi a una mujer joven capaz de organizarse su vida y ser productiva al 100%...y esta capacidad me chocó mucho, porque no se en qué momento se esfumó. 

Entre tantísimos papeles descubrí una lista escrita a los 18 años. Mis propósitos para mi entrada en la vida adulta. ¡Qué lista más completa!  Desde aspectos más prácticos como sacarme el carnet de conducir o aprender a cocinar 'un mínimo', pasando por ver los clásicos cinematográficos hasta temas tan transcendentales como 'Conocerme a mi misma y saber de lo que realmente soy capaz'. Wow esta última. Que objetivo más complejo y más difícil. Haciendo memoria me doy cuenta que casi todas las he cumplido, algunas muy satisfactoriamente y otras menos (lo de madrugar me sigue costando). Pero esta última...tengo que analizarla bien. Estoy en proceso de conocerme, es una carrera de fondo y queda mucho por descubrir. Cada día me pongo a prueba y aunque en el momento no suelo ser capaz de apreciarlo, con el tiempo me doy cuenta de la de cosas que soy capaz de hacer. Los límites propios que he roto son innumerables...tendría hojas y hojas por rellenar. Y esto es satisfactorio. Ahora bien, cuando me pregunto cómo he llegado hasta donde estoy, me doy cuenta que indudablemente hay un punto de inflexión en el conocimiento sobre mi misma y esto es cuando empecé a usar la copa menstrual. No se si te sorprende, a mi hace unos años quizá sí, pero ahora conozco tantísimas mujeres que les ha pasado lo mismo, que creo que se puede afirmar como un hecho. La copa menstrual te cambia la vida.

Mis propósitos a los 18

Mi viaje empezó hace ya casi cuatro años. Arrastraba una serie de enfermedades y reacciones alérgicas que no tenían fin y ninguno de los ginecólogos/as que visité supo darme una solución al problema. Asi que me puse a investigar por mi misma Y acabé encontrando un blog donde una viajera hablaba de la copa menstrual y las compresas de tela. '¿¿¿¿La copa qué???? ¡Qué asco!'. Cerré la página y cambié de tema. Pero la idea de un producto reutilizable, más sano, ecológico, económico y que encima te ayuda a conocerte a ti misma me atraía...no dejaba de llamarme desde el fondo de mi cabeza. Asi que finalmente me decidí a probar. Y ahí verdaderamente comenzó todo. Si aún no has usado una copa menstrual, seguramente te costará imaginarte cómo puede afectar tanto, pero verdaderamente es un gran cambio:

  1. Te das cuenta que la sangre menstrual no huele mal. Y por tanto, tú tampoco. Si acaso, huele a hierro como la sangre que te sale de una herida del codo o la rodilla, ni más ni menos. Lo que realmente huele mal son las compresas y tampones sintéticos.
  2. Tu propia sangre no da asco. Puede resultar hasta bonita. Imagínate, sangre que hubiese sido capaz de engendrar vida.
  3. No sangramos tanto como nos pensamos. Éste punto es bastante interesante. Algunas mujeres son reacias a probar la copa menstrual porque piensan que es imposible que les aguante ni media hora. Sin embargo, una compresa visualmente hace que parezca que contiene más sangre de lo que verdaderamente tiene, y un tampón tiene un límite de absorbencia, de por sí ya ocupa espacio y no tiene capacidad de absorción de coágulos. Sin embargo la copa no ocupa espacio per se, puede recoger todo lo que sale de tu útero y esto lo hace sin absorber ni resecar tu vagina. Además, una mujer sangra de media unos 40 - 50 ml durante todo el ciclo, y la copa menstrual CYCLO, por ejemplo, puede recoger hasta 20 ml.
  4. Aprendes a escuchar tu cuerpo. El primer día no vas a tener ni idea de cuándo cambiarte, pero según vas pasando los ciclos simplemente ocurre, sabes cuándo te tienes que cambiar, te notas qué ciclo estás sangrando más y tienes que cambiarte más a menudo o cuando sangras tan poquito que aguantas 12 horas del tirón. 
  5. Aprendes anatomía femenina. Yo no sabía realmente lo que era el cérvix, la posición del canal vaginal o qué capacidad y flexibilidad tenía mi vagina hasta que empecé a usar la copa. Suele suceder al principio que tienes que aprender a ponértela y a quitártela, que tus manos van a estar en contacto con tu vulva y tu vagina. Un descubrimiento que te hace muchísimo más consciente de las capacidades de tu cuerpo, y si algún día te conviertes en madre, este punto va a marcar una gran diferencia.
  6. Te ayuda a conectar con otras mujeres. De repente te das cuenta de que es injusto que otras mujeres no conozcan las bondades de este artilugio. Es muy habitual que empieces a hablar de ellos con todas tus conocidas y que lo recomiendes a tu grupo de amigas. Sin darte cuenta estás contribuyendo a generar mayor conciencia y a romper tabúes que a muchas mujeres aún les supone un gran conflicto en su día a día. 
  7. No volverás a sentir ese pánico que producía darte cuenta que se te han acabado las compresas de noche. La copa menstrual siempre estará a mano.
  8. Viajarás muchísimo más ligera. 
  9. Contribuye a sentirte más segura de ti misma. Sabes que no se te va a caer como sucede a veces con el tampón, que no se te va a salir el hilo de la braguita del bañador en verano o que ya no vas a manchar las sábanas por la noche.
  10. Te conviertes casi sin saberlo en activista. No entiendes por qué un derecho tan fundamental no está al alcance de todas las mujeres, no entiendes por qué no se habla de la copa menstrual y otras alternativas en colegios e institutos y de repente te haces consciente del impacto medioambiental que el uso de desechables supone para el entorno. 
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Cada una de las mujeres que conozco que se han pasado a la copa menstrual se convierte en experta de si misma y de su condición de mujer y pierde el miedo a expresarse en ciertos ámbitos. Es un cambio difícil de apreciar en el momento, pero cuando pasen los años y mires atrás, te darás cuenta del larguísimo camino que has recorrido. Acercarme de manera sostenible a mi menstruación me ha hecho una mujer más consciente, más segura de mi misma, más culta, más poderosa, más sensible y muchísimo más generosa.

Ahora miro con respeto y ternura a esa mujer valiente y con las ideas claras que era yo a los 18 años. Creo que reencontrarse con las diferentes versiones de una misma es uno de los ejercicios más enriquecedores que una persona puede hacer. Reconectar con tu ciclo y apreciar las diferentes etapas por las que transitamos es una manera poderosísima de buscar un yo más profundo y auténtico. ¿Te has atrevido ya?

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